Me metí a un barrio obrero en Guadalajara y me sorprendió como venden mota

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Texto y fotografía por Iván Molina

Al llegar a la ciudad de Guadalajara estaba predispuesto a pensar que los locales son súper fresas, antes de venir varias personas me lo dijeron, pero… para mi mala suerte si lo eran y además súper persignados con sus iglesias a cada dos cuadras.

Lo bueno es que al parecer no todos son así, pero para atisbar otras perspectivas de vida, me trasladé del centro de Guadalajara al Barrio de Oblatos. Aquí la gente se refiere a la ciudad como “Guanatos”, no sé por qué pero al parecer es una jerga que utilizan mucho.

Estando allí, me recibió un viejo amigo que al contarle que en el centro al preguntar dónde podía agarrar mota, casi se persignan y me echan agua bendita, me llevó a la conecta del llamado “Tigre”; uno de tantos vendedores de marihuana a la redonda.

Caminamos no más de media cuadra y me dijo que si la puerta estaba abierta sólo pasas y haces tu compra. Llegamos y la puerta que daba a la calle estaba cerrada, lo primero que se me vino a la mente fue “ya valió verga” pero para mi sorpresa caminamos algunos 50 metros a otra casa y había una fila más larga que la de las tortillas.

Me quedé sorprendido de la cantidad de gente que realizaba actividades de varios tipos mientras nosotros hacíamos la transacción; niños corriendo y jugando con sus padres muy cerca supervisándolos, señoras vendiendo comida o simplemente gente que se encontraba fuera de sus casas interactuando con otros vecinos.

Mientras sucedía eso yo era el único que estaba exaltado y alerta, volteando hacia todos lados esperando que no apareciera la policía y nos llevara a todos como se hace tradicionalmente en Tijuana. Acto siguiente miro al vendedor que con una camisa de las chivas autografiada y churro en labio atendió en breve a la decena de consumidores.

En cuanto logramos el cometido me muestran el paquete y me doy cuenta de que ese 50 de mota es casi media onza, y como particularidad venía con un stiker con el sello de lo que parece ser una botella con flechas entrecruzadas. Me explicaron que dichas stiker’s son utilizadas como una especie de “pase” para que la policía no te detenga, es decir, es un símbolo de que la plaza está pagada y al mismo tiempo es una especie de garantía para que los consumidores no tengan problemas con la policía.

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Para mi incrédula perspectiva fronteriza, existían más de un logo; calaveras, alacranes etc., los locales me comentaron que son como “marcas” de mota, comparándolas con los productos caseros que se hacen en la localidad, como las aguas frescas que venden y embotellan ahí mismo, pero que, a diferencia de ellas, toda la mota que es financiada en ese barrio es crecida, según los locales, en La Barranca, una parte de la sierra que se encuentra a escasos 5 minutos del periférico y que es uno de los paisajes naturales más hermosos de Guadalajara.

Y que al mismo tiempo alberga a varias comunidades que viven ahí mismo en los barrancos, aunque según los guardabosques que patrullan las entradas, es un lugar muy peligroso en donde ya han ocurrido asaltos con machete o pistola en mano, además de desaparecidos que han sido arrastrados por el río y que no se han vuelto a ver.

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Ya para cuando estábamos fumando, mi compañero y yo comenzamos a platicar sobre las diferencias de un barrio así en Tijuana y se quedó en mi mente una frase que me decía su padre a cada rato; “El barrio está vivo”. Frase que evocaba y tenía implícita una especie de armonía que permite al “barrio” tener sus propias mini estructuras sociales, culturales e incluso económicas, ya que las personas siguen haciendo comunidad; siendo solidarios unos a otros, produciendo productos con sus manos y vendiéndolos al vecino sin que la lógica de la oferta y la demanda eleve los precios o limite las porciones de los mismo.

Es decir, ¿por qué te dan tanta mota? ¿no sería mejor si te dieran menos y así la gente vuelve más rápido?… pues no. Aquí la ley de “mejor podrido que mal vendido” no aplica. Lo mismo en la comida y en los deliciosos guisos en donde no gastas más de 20-30 pesos con todo y agua fresca hecha en casa pero embotellada como si fuera un producto, pero en el cual no todas las leyes del mercado aplican. Y así como esto se producen productos en casa que le dan vida a los Barrios de Guanatos.

Autor: Letras Cualquiera

Revista independiente de periodismo que escribe, retrata, crítica y narra desde la esquina de Latinoamérica. Tijuana, Baja California.

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