Hacia el oeste está la libertad: el lazo sociocultural del surfing en Rosarito

El surf para los habitantes de Playas de Rosarito trae una serie de implicaciones socioculturales que son abordadas en este texto por Aarón García, historiador y coordinador del Archivo Histórico de Playas de Rosarito.

Raul surfeando cerca de El Muelle de Rosarito

Hablar de cultura desde su complejidad conceptual nos orilla a reflexionar sobre las particularidades de un país, una región, de un grupo o una comunidad determinada. Se habla de los valores, las tradiciones, las identidades, representaciones simbólicas y toda aquella manifestación artística creada por los seres humanos. El estudio de las humanidades y, sobre todo, de las ciencias sociales, nos ha demostrado el entramado social de un millar de temas donde converge la cultura.

Quisiera reflexionar, precisamente, sobre una comunidad deportiva que se sitúa dentro de esa inmensa esfera de comunidades culturales en el país: el surf en el municipio de Playas de Rosarito.

¿Y qué de cultural tendrá este deporte?… me atrevo a decir que el surfing es único en su carácter deportivo por el desarrollo sociocultural e identitario que conlleva practicarlo. Por supuesto que la Sociología del Deporte nos ha demostrado los procesos sociales del futbol o el beisbol (por decir un ejemplo); pero en el caso de esta localidad, las y los surfistas construyen, además de un estilo de vida, un arraigo con lazos históricos y socioculturales; un sentido de pertenencia y una gran sensibilidad por el cuidado del medio ambiente y el espacio que se apropian.

Lo anterior llegó por mi mente a causa de las aptitudes y curiosidades del ser historiador. Mis inquietudes vitales no son precisamente el practicar deportes. El surf transitó por mi temprana adolescencia con un solo día que decidí entrar al mar con mis primos y mi hermano, para sufrir la revolcada de mi vida. Salí de esa imponente rompiente de ola, crecí y la Historia, los libros, la música y las letras me guiaron por el camino donde me encuentro actualmente.

A diferencia de mis acciones, mi único hermano menor decidió seguir practicando surf y eso le permitió conectarse con algunos de esta comunidad. Un día observé una foto que le habían tomado mientras surfeaba la ola con una longboard de color azul y quedé fascinado con sus elementos visuales e icónicos. Sin duda eso despertó en mí una serie de preguntas que merodeaban mi cabeza y se entrelazaban en mi yo academicista: “¿Tendrá el surf su historia aquí en Playas de Rosarito? ¿Qué significados culturales tiene practicarlo? ¿Podría ser parte de la identidad rosaritense?”. Con la curiosidad encendida, decidí investigar y efectivamente encontré en mi terruño un interesante tema por explorar. Así que tomé la iniciativa y me atreví a buscar, por lo pronto, a cuatro surfistas locales.

Desde que comencé por indagar en el tema, el nombre Juan Carlos Luna Duarte sonaba entre los que podían darme un panorama de las experiencias y estilo de vida del surf en este municipio. Siendo nativo de esta ciudad, Carlos le ha dedicado gran parte de su vida a realizar actividades relacionadas con este deporte. Actualmente es comerciante y dueño de una tienda de surf en la Zona Centro de Playas de Rosarito llamado Locales, que a su vez funciona como una escuela; por lo que él y su equipo laboran como instructores mayormente situados a un lado del muelle. Además, Locales se ha coordinado con otras agrupaciones como Pure Stoke para crear lo que ellos llaman surf therapy para niñas y niños con discapacidad. Una labor altruista y sin fines de lucro que permite apoyar el desarrollo terapéutico de los infantes a través del surf.

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Carlos Luna participando en la surf therapy. Fuente:Escuela de Surf Locales

Cuando yo estaba joven me gustaba viajar, me gustaba ir a otros lugares, pero al final de cuentas siempre regresaba a Rosarito porque el clima es estupendo, aunque dicen que el agua está helada, pero no. Cambió en ese sentido el mar para mí; cambió la manera de ver la vida así, porque me hizo seguir un camino y siempre me dirigió hacia al mar. Yo siempre volteo a ver al west; yo no sé hablar inglés, pero siempre supe que el west estaba hacia la playa.

-Carlos Luna

En otra zona de la ciudad, sobre el Bulevar Benito Juárez y en frente de un terreno conocido por la sociedad rosaritense como Plaza San Fernando, me encontré a Osbaldo Chávez Ortega en una combi de color azul con blanco, personalizada con stickers de surf, racas para cargar tablas y acondicionada como un local de venta de “trepados”, un taco preparado con la tradicional discada al estilo chihuahuense.

Osbaldo es un surfista rosaritense de 58 años de edad. Nació en Chihuahua, pero sus padres lo trajeron a esta región a los 11 meses de nacido. Al igual que Carlos Luna, es comerciante y fiel seguidor de las cotidianidades del ser surfer. Formó parte de la Asociación de Surfing de Baja California y ha participado en torneos internacionales en Nicaragua y Ecuador.

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Osbaldo Chávez realizando un backside. Fuente: Asociación de Surfing de Baja California, A.C (ASBC)

-Como siempre viví en el mar, yo podría decir que para mí es normal, pero si yo me muevo de Rosarito y me voy por ejemplo a mi tierra donde nací, al ir de visita dices; qué padre está mi Chihuahua, pero ya me voy. Definitivamente quiero estar cerca de la playa, yo cada día que salgo de mi casa, tengo que voltear a ver si hay olas. No hay día que no volteo al mar. El caminar, el correr, el surfear, para mí es una retroalimentación emocional muy padre, definitivamente.

Yo diría que el 99% de los surfos defendemos el mar. Es [psicológico] porque cada vez que yo estoy adentro y veo una bolsa de plástico flotando me la pongo abajo de mi hule y la saco hasta tirarla a un bote.

-Osbaldo Chávez

Finalmente decidí buscar a una amiga de la adolescencia y quien fuera mi compañera de generación en la histórica Esc. Sec. #32 Abraham Lincoln. Marena Estrada del Toro nació en Chula Vista California, pero toda su vida ha residido en la colonia Obrera de Playas de Rosarito, ubicada al noroeste de la ciudad y cercas de la costa. Naturalmente es un territorio de surfers donde ella y su familia se adscriben.

Cuando el momento de la entrevista llegó, Marena iba acompañada de su primo Jesús Alfonso García Lara, de origen californiano y rosaritense de toda la vida. Nos sentamos en el jardín de ajedrez, cercas de las instalaciones del Instituto Municipal de Arte y Cultura (IMAC), ubicado en el Parque General Abelardo L. Rodríguez. Ambos estacionaron sus bicicletas y mientras el ocaso pintaba el cielo de un color rojizo y azulado, amablemente narraron sus experiencias como surfistas locales.

Mi papá tenía un bonche de revistas de surfing; nos alucinábamos mirándolas de chiquitos. Era la de Surfer Magazine, mi papá tenía una suscripción. [Y] por ejemplo, en mi familia el tema de conversación de la mañana era “a ver ¿cómo están las olas? ¿ya fuiste a checar la playa? o sea eso de cierta forma como que nos une a mí y a mis hermanos.

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Marena Estrada del Toro, Fuente: Damian Davila Photography

-Marena Estrada

Aarón: ¿Cuándo salen de aquí y se van a Estados Unidos que los regresa de nuevo?

Jesús: La libertad.

Marena: Sí, no estás en casa, ahí no, [tampoco con] los amigos. [Aquí está] la playa, tu sol.

Jesús: La playa más que nada.

Así como Marena, Carlos, Osbaldo y Jesús, hay más surfistas en esta localidad que también conllevan una serie de significados culturales y de identidad, por el simple hecho de vivir el surf. En este texto intenté arrojar narraciones testimoniales al aire, pero es evidente que me encuentro desarrollando una investigación que me permitirá comprender a esta comunidad y sus características socioculturales. El objetivo es, además de la aportación académica que pueda otorgar, difundir y reconocer en Playas de Rosarito una parte de su identidad pueblerina y local. Sí, somos un pueblo, somos un rancho, somos un municipio y somos una ciudad cerca de la costa.

Autor: Letras Cualquiera

Revista independiente de periodismo que escribe, retrata, crítica y narra desde la esquina de Latinoamérica. Tijuana, Baja California.

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