41 pasos; faltan más

Texto y fotografías por Diana Cecilia García Lucas

Terminó junio y con él se ha marchado el “mes del orgullo”. Finalizó arreglado, vestido, bailando y riendo este pasado sábado 29 con la marcha LGBT+ en la Ciudad de México. Tuvo su recorrido desde “el ángel” hasta el Zócalo, atravesando todo el paseo de la Reforma y la avenida Juárez;  desde las diez horas concluyendo con un concierto. Ésta vez se hizo con una temática distinta, siendo la celebración número cuarenta y uno han decidido retomarlo de manera significativa por el “baile de los 41”, un suceso histórico que tuvo acontecimiento en el Porfiriato.

No obstante, por más fiestas y sonrisas que existan, más allá de toda esa publicidad a favor del movimiento, mucho más lejano de las familias asistentes y los conciertos para conmemorar es necesario reflexionar ¿Por qué sigue siendo necesaria la marcha? ¿Qué se esconde detrás de cada sonrisa maquillada, de cada individuo en cuyos brazos carga una bandera con colores que ¿lo identifican?

Una marcha, cualquiera que sea, sirve para visibilizar cuánta gente está a favor, para demostrar la magnitud de quiénes la componen, una de sus finalidades es sumar voces, ya sea por similitud de ideologías o por la compatibilidad del problema ante el que se manifiestan. Sin embargo, una marcha no contribuye a nada si sólo se queda en recorrer cierto circuito.

“Bailamos por las que ya no están, por aquellas hermanas asesinadas, por las víctimas del machismo, bailamos también por las que están aquí, por las que seguimos vivas y luchando”; gritaba una de las bailarinas de la “DJ Guapis” mostrando sin pudor y con orgullo su transexualidad.

Porque muy a pesar de los 70 mil asistentes (según la Secretaría de Seguridad Ciudadana a través del Universal), de las empresas que estuvieron con un pie fuerte apoyando la iniciativa como Netflix, DiDi, Uber, etcétera, sigue existiendo un conservadurismo clasificador en azul y rosa, ese que niega a las parejas homosexuales su libertad de matrimonio. Esto con lleva a un rezago mayor por parte de los ciudadanos, quienes encontrándose impulsados por los estereotipos, les prohíben“ser”.

El problema se vuelve real y tangible en Chiapas, Puebla, Jalisco, Nuevo León y Baja California donde aún se niegan aceptar el matrimonio igualitario por la corte, y sólo aquellas parejas que deseen acceder a este “derecho” deben solicitar un amparo.

Y he aquí donde el lema de esta edición toma sentido, “ser es resistir”, mostrarse como son, con el rostro en alto en signo de representar a aquellos quienes temen salir por las represiones, con la alegría que significa pertenecer a la comunidad sin tener vergüenza y con la intención de compartir la diversidad con la ciudad en búsqueda de la equidad.

Se vuelve necesario un movimiento masivo cuando, aún con el peso que significa su presencia, siguen existiendo temas de mayor connotación que escapan por su magnitud, como aún no poder extender el brazo LGBT+ hasta las comunidades indígenas, buscar seguridad ante crímenes de odio y ayudar al seguimiento jurídico de éstos mismos. Las fobias a la sexualidad no se terminan compartiendo una foto en Instagram con hashtags o con pasos peatonales pintados de colores.

La comunidad necesita “ser”, en esa medida está tomando presencia, teniendo una estancia entre el ruido de la ciudad, esto sigue siendo fundamental pues “durante el mandato del expresidente Enrique Peña Nieto existieron alrededor de 260 asesinatos vinculados a la expresión de la sexualidad, siendo en su mayoría personas transgénero” (fuente: letraese).

De esto nace “Casa de las Muñecas Tiresias” una organización ubicada en la colonia Guerrero, Delegación Cuauhtémoc, quienes representaron en la marcha a las mujeres y transgénero violentados, cuyos servicios van desde defensoría hasta la vinculación a los servicios de salud. “Para no olvidar a ninguna”; mencionaron con sus trajes de catrinas y catrines.

Sin embargo es necesario recordar lo que significa para quienes asisten desde hace tiempo,como Nimber, quien lleva cinco años consecutivos y veinticinco en el travestismo. “Este movimiento significa libertad, amor”; lleva un atuendo negro, cabello acomodado y sonrisa pintada de rojo con la que ofrece sus pensamientos para la comunidad, no sólo la LGBT+ reunida “es maravilloso (la unión de más gente a la marcha), así tiene que ser, ya nos habíamos tardado, de hecho no es por festejar cuarenta y un años, debemos festejar toda la vida” además se encarga de demostrar lo que significa su sexualidad y la expresión de la misma “yo me acepto, me quiero, me amo, yo soy lo que soy y no tengo que demostrárselo a nadie” finaliza con el gesto alegre cargado de orgullo, esperando contagiarlo a todos quienes temen por la libertad de expresión.

“Ser es resistir” gritaron voces en la plancha del zócalo cerca del atardecer, levantando banderas, aplaudiendo, bailando al ritmo de la Bruja de Texcoco. Y nunca habían tenido más razón, algunos guardarán los vestidos, consignas y maquillaje para dentro de un año, pero la lucha continúa, tal vez más pasiva, escondiéndose entre peticiones y amparos pero estando siempre presente.

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