La experiencia por medio de la piel

Texto y fotografías por Diana Cecilia García Lucas

El ser humano ha tenido el deseo constante de expresar sus sentimientos, emociones y pensamientos. Tanta es su necesidad que le ha dado forma con la tinta, envolviendo trazos en el papel para formar poemas, dibujando a brochazos en lienzos, sin embargo, cuando se vuelve insuficiente la superficie, aun con los tonos corriendo por las manos y la inspiración atravesando la mente es momento de experimentar con otras texturas, atreviéndose a salir del marco, ocupando paredes, techos, pisos… por último la piel. Considerada el órgano más grande del cuerpo, se vuelve el manto por la que muchos plasman pasajes de su vida, algunos lo hacen en modo de arrugas naturales, con marcas involuntarias de conflictos o carcajadas y otros más queriendo trasladar la pintura hasta mezclarla con su sangre, de estos casos es muy común encontrar, marcados, aparte de la gama de colores, por experiencias.

La piel y la sangre unen, no solo significantes e imágenes, sino también personas. Es el caso de Erick Alejandro y María Guadalupe quienes han sido pareja desde hace ocho años. El tatuaje fue aquello que los conectó, pues ella, teniendo dieciocho años, decidió hacerse su primer tatuaje como símbolo de rebeldía en contra de su anterior pareja, siendo Erick el encargado de hacerlo. Con una experiencia de más de 22 años, comenzando su carrera alrededor de los quince, estableció un contacto tan juvenil con la tinta y las agujas, animándose a hacer tatuajes pequeños a sus amigos y conocidos, continuando con su trayectoria hasta, incluso, sus estudios de medicina, mismos que le imposibilitaron la oportunidad de tener algún tatuaje y, sobre todo, un estudio de tatuajes serio, formal donde pudiera ejercer y contagiar a los demás la relación tan íntima con la expresión corporal. En sus inicios tuvo un pequeño espacio en tianguis, cobrando poco pero siempre ejerciendo con profesionalismo. La unión que ellos como pareja sienten también la han percibido en otros, como mencionan, quienes se tatúan nombres para borrarlos a la semana, o como aquel hombre de cerca de 120 kilos, con una estatura de casi dos metros, quien habría solicitado un tatuaje por toda la espalda. Porque ese es su negocio, enmarcar las imágenes y pensamientos de sus clientes, borrarlos si estos maduran, transformarlos cuando lo vean de diferente manera. Éstos pedazos de sus vidas, independiente y como pareja, se han unido hasta tener una pequeña hija de un año, la cual, mencionaron, educarán en el mundo de la modificación corporal con responsabilidad. Erick conoce la carga que significa mostrarse con sus tatuajes, con las marcas voluntarias que él mismo ejerció en sí y junto a ello su labor como profesor en la Universidad Autónoma de Chapingo, su familia unida y su pequeña hija.

Por otro lado la piel también nos brinda un misticismo, una unión con nosotros mismos pues es algo permanente, muchos lo ocupan como un medio de promesas y vínculos, mirando con orgullo la tinta junto con las marcas de la edad. Es el caso de Jorge Martínez, hombre de cincuenta años quien se realizó en la pantorrilla un tatuaje: la imagen de la “Santísima Muerte”, esto como recordatorio y en honor a su nieto recién nacido, pidiéndole a ésta figura protección para el mismo, esperando, velara siempre por el menor de su hogar. Pero no fue su primer tatuaje, a los diecinueve ya se había realizado uno: el volcán Popocatépetl e Iztaccíhuatl en representación de sus raíces, a donde pertenece, que significa tener esa conexión con su pasado. En todos esos años nada había tenido tanta importancia en su vida sino hasta el esperado nacimiento de su nieto, posteriormente, aseguró, se hará el rostro de su novia. Para el señor Jorge todos los tatuajes y modificaciones tienen un significado “aunque sea estético, no importa, no solo es el dibujo es el qué hay detrás”, pues para él, como para muchos otros asiduos a la modificación corporal, no es solo su imagen ante los demás, es lo que ellos reflejan en el espejo, los recuerdos o secretos que llevarán consigo y, como él mismo lo menciona, promesas y raíces.

Habrá otros quienes hicieron de su vida la tinta, la emplean como modo de trabajo y también forma de expresión, modifican el cuerpo de la gente, moldean en éstos sus ideas, expresiones y demás. Pero existe una razón más profunda para quienes no han tenido la suficiente inspiración personal como para tatuarse, como Salvador Sánchez, tatuador de cuarenta años, quien a los trece comenzó en el mundo de la modificación, desde aún antes le gustaba dibujar y sus padres estaban dentro del mundo de la modificación, así que cuando sus amigos comenzaron a hacerlo con una máquina improvisada, solía burlarse de sus dibujos hasta que lo retaron a hacer uno, les gustó tanto que la gente comenzó a llegar poco a poco. Después de una infancia y juventud siendo conocido por su arte, entró a la milicia y durante esos años no tuvo la oportunidad de pensar en un tatuaje personal, por lo que se acostumbró a verse sin color alguno en la piel, cuando dejó de ser militar comenzó su carrera haciéndose de un pequeño estudio de tatuajes, mismo que le brindó seguridad económica pero no así psicológica, aún pensaba en fallar como tatuador. La experiencia y el tiempo le demostraron lo contrario, ahora mismo siente, no tener ninguna razón fuerte para poder pintar permanentemente su cuerpo con alguna marca, se ha vuelto exigente consigo mismo, no quiere hacer algo sencillo o carente de significado, llegando a considerar su profesión con compromiso, tanto para sí como artista como con su cliente, no solo en la calidad de sus dibujos y diseños, sino en el tiempo y la dedicación que significan.

La expresión del ser humano alcanza los puntos más extensos como la piel, aunque lo trascendente sea, más bien, el significado detrás de la tinta. Ahora mismo está más normalizado, y como menciona Salvador: “portar un buen tatuaje es como traer una cadenita de oro… cuando traes uno bien hecho, bien hecho, vayas en donde sea; la calle, el coche, alguien siempre te va a preguntar ¿dónde te lo hiciste?, ¿cuánto te costó?” El tatuaje, ciertamente, es una tradición que se remonta a las primeras civilizaciones, y pese al cambio de diseños, técnicas y colores, permanecerá en la gente, pues no solo se trata de si es permisible o no, es más bien un símbolo de nuestra visión ante la vida.

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