El arte de lo cotidiano: David Shrigley

Texto y fotografías por Diana Cecilia García Lucas

¿Qué más se puede decir, de forma artística o expresiva cuando parece que todo ámbito y rama ha sido explorada? No somos ajenos a ésta pregunta teniendo alrededor de ciento setenta museos en la Ciudad de México en los que se pueden admirar la gran cantidad y variedad de expositores que han intentado demostrar su percepción de la realidad. Sin embargo, como se mencionó, es difícil hacerse a la idea de mencionar algo cuando, aparentemente todo se ha dicho; desde la belleza estética, lo anti-estético, moral e inmoral, clásico y moderno. Pero esto no evita ni limita la necesidad inerte en el hombre por ser uno con su expresión, por eso mismo ante ésta crisis, cuando señalar algo con ciertas características recuerda “a otro artista, que inspiró a otro artista” ¿Qué queda?

Lo único dejado en el polvo de los museos es la cotidianidad, lo que miramos a diario pero sin pensarlo en total. Ha sido un concepto trabajado últimamente, tanto fotógrafos como artistas en general (cineastas, bailarines, cantantes) optan por elegir el espeso manto del día a día para trazar en éste su creatividad. Bajo éste concepto trabaja David Shrigley, artista británico de cincuenta años en cuya trayectoria se encuentra, en otros, la participación en el vídeo musical “Good song” de la banda “Blur” además de colaborar activamente como ilustrador en la revista “The Guardian’s Weekend”.

En su más reciente exposición “No lo hagas” (“Don’t”) presenta aquellas imágenes las cuales, ante una mirada pretenciosa de “un museo debe ser trascendente”, podría parecer vago. Sin embargo él juega con cada una de las piezas en su mira, las descompone e ironiza para crear trabajos significativos y a su vez con una calidad estética minimalista, recurriendo usualmente al negro y blanco.

Sus ilustraciones van desde unas en las que se burla totalmente de nuestro día con día como el nacimiento, la muerte, depresión y los hobbies, hasta aquellos pensamientos que suelen treparse en las mentes durante las madrugadas, unos más profundos, logrando plasmarlos con sencillez y un par de palabras. David no quiere hacer un arte que sirva para tomarse selfies, él simplemente ha deseado retratar aquello que admira constantemente, lo que le parece “gracioso” pero (como diría una de las frases de la misma exposición), no “gracioso jaja” sino “peculiar”. Éste es exactamente el significado detrás de sus creaciones, evoluciones de una percepción simplista con la que han podido conectarse varios, mismos quienes asistiendo a su exposición pueden encontrar obras “peculiares” como la de los fetos jugando a las cartas, así como también contradicciones a manera de carteles, leyéndose en un lado “no escribas poemas” mientras que en el contrario se encuentra “escribe poemas” e ironías junto con juegos de palabras que pueden llevarse a un entorno de reflexión “graciosa”, como el que menciona “words” (palabras) de un lado y “worms” (lombrices) de otro.

David mismo lo menciona en una entrevista para “La Tempestad”, “si tomas una pieza mía y le quitas el texto o el dibujo perdería el 50%”. Él necesita dos medios de expresión para hacer una tensión entre ambos: escritura e imagen. De esta forma, naturalmente sus obras se ven bifurcadas, entre el significante de la palabra y el nuevo concepto brindado a través de sus trazos a forma de ilustración. Así, por ejemplo, vemos a un hombre en la cima de un edificio, éste se encuentra en punto cenit, dándole quizás un aire de grandeza. Sin embargo a su costado se encuentra la frase “i’ll be down in a moment” (“estaré abajo en un momento”), lo que cambia totalmente el concepto bajo el que se mira. Entonces, lo que algunos pudieron haber interpretado como libertad, liderazgo, expectativa, se transforma en una nueva imagen de nosotros como espectadores de un posible suicidio que, como toda su obra, es “graciosa” a manera “peculiar”.

Lo mismo ocurre con traducciones al español, mismas en las que también busca ironizar el trabajo que ha realizado, como con luces led que reciben al apenas entrar diciendo “esposición”, así como otras color morado las cuales citan “large fancy room filled with crap” (“gran salón elegante lleno de basura”), de esta forma David nos demuestra que el arte no solo lo es en cuanto a la mirada y a la complejidad de la obra presentada sino también debe ser medida de acuerdo a la forma de reinterpretación. Del mismo modo, y de manera irónica, como en la pared inicial dicta “la obra es lo que es”, es decir, aunque se encuentren diversas formas de mirarlo aquello que se nos presenta no es más allá de lo que es, no hay una trascendencia que conlleve a analizar una de sus piezas por mucho tiempo, pero a su vez necesita atención para entender hacia dónde quiere dirigir sus obras, ya sea a la ironía, al sarcasmo o a la nada.

Posiblemente lo único ambiguo en el trabajo de David sea la brecha generacional que lo acompaña, solo aquellos quienes perciben la cotidianidad como “peculiar”, encontrando incluso en momentos de tristeza y amargura una forma de hacerlo irónico, podrán comprenderlo, pues para el resto solo serán ilustraciones de un joven cualquiera. Tal vez ahí mismo se encuentre ese punto de conexión entre David y el público asiduo a su forma de trabajar.

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